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Chiapas empieza a parecer un territorio “sellado”. A la vez que se anuncian visas temporales para salvadoreños y hondureños (los guatemaltecos ya las tenían), una nueva frontera interior está naciendo, los límites de Chiapas y Oaxaca apuntan para convertirse en un valladar. Esto hace más dramática la situación para los miles de personas que huyen de su tierra. Entre el fatalismo y la esperanza, Omar dice en voz muy alta: “A mí no hay manera de que me regresen a Honduras, el peligro es muy grande, y muchos tenemos miedo de que nos alcancen aquí nuestros perseguidores”. Los vagones inmóviles despertaron hoy erizados de tanta gente que se amontona unos sobre otros, pero también se rumora de una inminente redada migratoria; el día de ayer hubo detenciones en las inmediaciones de Zanatepec, Oaxaca, siluetas negras saltan entre vagones a contraluz, caminan arriba o dormitan en los rieles debajo del tren. La incesante ola de migrantes espera la partida de la alguna vez llamado Tren Chiapas-Mayab, hoy trasnacional y apodado La Bestia, para salir del purgatorio chiapaneco (para algunos un verdadero infierno). Se teme que sea una de las últimas ocasiones en que eso será posible, al mediodía del pasado miércoles se puso en marcha la doble locomotora que remolcaría los vagones estacionados en Arriaga, y todo mundo se trepó a los vagones de carga esperando que la máquina se enganchara para salir rumbo al norte. Pero la máquina se siguió de largo y lo siguiente que se supo fue que había arribado a Ciudad Ixtepec, en el istmo oaxaqueño. Después de la medianoche, los agentes del Instituto Nacional de Migración y la Policía Federal circularon rápidamente a lo largo de la vía, provocando que los migrantes saltaran de los vagones donde ya se creían punto de partir y corrieron despavoridos hacia las calles y baldíos de Arriaga, en lo que parecía una redada, y no lo fue. El convoy se siguió de largo hacia Oaxaca. Poco a poco, a lo largo de la larga noche, las familias y los demás grupos comenzaron a volver para recuperar sus sitios en los vagones de carga, sus techos, escalinatas, huecos, a seguir esperando. Al mismo tiempo, siguen llegando de a 20 o 40 personas por grupo, que han caminado desde Mapastepec. Esta caravana que se deshilvanó, señalan los observadores, es la primera a la que realmente hacen caminar, para reventarla, a este paso, les llevaría meses llegar a su destino, la frontera norte, pero ya nadie está para ayudarles, ni agua nos quieren dar es la queja de un muchacho.


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